Joker; Un conflicto NO resuelto [Su verdadera historia - Sin spoiler]
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Joker: Un Conflicto NO Resuelto

Hace unos días, estuve viendo la película Joker, y confieso que salí tocada del cine. Más allá de valorar la magnífica interpretación de Joaquin Phoenix y la original versión que nos da su director, Todd Phillips, sobre este personaje de cómic, tengo que decir que yo, que pensaba que iba a ver una película entretenida sobre un super popular villano, me encontré con una historia, que me hizo pensar en una realidad no tan grata:

 

«Cómo la presión diaria, a través de tantas cosas, aparentemente insignificantes y que la sociedad acepta, puede hacernos explotar; algo que se da con frecuencia en nuestros días». 

 

 

Sobrecoge el dolor que hay en la mirada del protagonista, en contraposición con la carcajada incontrolada, tan característica del Joker. Eso me trasladó a la realidad de tanta gente, que sufre la presión externa, y trata de esconderla tras una sonrisa, que socialmente está muy bien aceptada y que nos encanta, ya que necesitamos sentirnos parte de la misma y admitidos por todo el “clan”. 

 

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Esa misma sociedad a la que, si sonríes demasiado, también le molesta por considerarte falso, excesivamente feliz o muy superficial. Esa sonrisa que, a veces, forzamos para decir “No pasa nada. Todo está bien… ¿No ves que sonrío?”, y que no deja de ser una disculpa para no “cargar” con nuestra desazón, disgusto o desgracia, al que tenemos enfrente, o para que no parezcamos débiles, si mostramos cómo nos sentimos realmente.

 

 

 

Sin ánimo de hacer spoiler, esa frase que vemos en un momento de la película (“La peor parte de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras”), hace que te remuevas por dentro y te plantees algunas preguntas. 

 

Por ejemplo: ¿Asumo los conflictos de mi vida diaria como algo inherente a la misma y finjo que no pasa nada o, por el contrario, me responsabilizo de lo que me pasa y tomo iniciativa para resolverlo? 

 

Dependiendo de tu valentía (actitud) para optar por una u otra manera de afrontar los problemas, vivirás la vida plena que tú quieres o la que te marcarán los demás, porque en la sociedad en la que vivimos, el sufrir una enfermedad; el sentirte mal emocionalmente; el estar harto aunque tu vida, aparentemente, parezca plena,… no tiene que mostrarse en público, porque molesta o incomoda.

 

«En la sociedad en la que vivimos, el sufrir una enfermedad; el sentirte mal emocionalmente; el estar harto aunque tu vida, aparentemente, parezca plena,… no tiene que mostrarse en público, porque molesta o incomoda»

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Y hasta nos hemos convencido de que no son conflictos, sino que esto forma parte de nuestra vida; que forma parte de esa “normalidad” de la que no tenemos ni idea de qué es, porque ¿qué es “normal”? A veces, esa mal entendida “normalidad” (palabra que detesto, porque creo que no existe) nos dirige directamente al lado de los sufridores, que terminan viviendo una vida gris, y que van buscando desesperadamente cualquier cosa que nos pinte la sonrisa en la cara, aunque sea de forma momentánea para, así, poder olvidarnos de lo que nos está envenenando poco a poco, en silencio y de forma oculta, como los astutos enemigos saben hacer en la batalla. 

 

En muchas ocasiones, este razonamiento absurdo nos lo hacemos nosotros mismos, impidiendo que tomemos responsabilidad y la incómoda decisión de tratar el tema, ponernos en pie y decidir hablar sobre lo que queremos y necesitamos, y tal vez el primer paso (aunque no sencillo) sea vivir nuestra emoción, por muy molesta que parezca. La rabia, la tristeza, el miedo,… no son emociones que se muestren fácilmente, y curiosamente la manifestación de la alegría, es decir, la sonrisa, es la mueca con la que nos disfrazamos en más de una ocasión para disimular el conflicto interior que nos atenaza.

 

Las presiones externas están más presentes en nuestra vida de lo que creemos. No es necesario llegar al límite del Joker, y ser apaleado en la calle para que un buen día sintamos que ya no podemos más. Está comprobado que pequeñas dosis de presión, de estrés continuado, pueden enfermarnos, si no sabemos ponerles un punto y final. 

 

El cúmulo de situaciones, que nos hacen daño, aunque aisladas no sean importantes, en conjunto y vividas a diario son igual de negativas que un sólo suceso traumático. Y aun sabiendo todo eso, ¿por qué permitimos que los conflictos nos coman? ¿Por qué mantenemos hipócritas sonrisas para autoengañarnos, en vez de tomar el mando y resolverlos? Todo sería más saludable para nosotros si empezáramos a darnos cuenta de que la sonrisa no tiene por qué ser una obligación social; que el llanto o la mala cara también forman parte de nuestra humanidad y, además, nos ayuda a resolver lo que está pasando realmente. 

 

Ninguna emoción nos tiene que atrapar, pero indudablemente lo que no podemos ni debemos hacer, es sustituir una por otra, sólo porque pensemos que, de esa forma, no se va a notar lo que sucede en nuestro interior y seremos mejor aceptados socialmente: nuestra familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los jefes,…

 

 

 

A Joker le presiona la sociedad, su familia, sus compañeros de trabajo, su jefe,… ¿Te suena..? Y él lo aguanta, porque compró la creencia de que había venido ‘a hacer sonreír al mundo’… Incluso, su madre le llama “Happy”. ¿Cuántas veces nosotros mismos nos hacemos los “Happy” sólo para evitar entrar en confrontación con aquellos con los que no estamos de acuerdo?

 

Más de uno y, probablemente, en más de una ocasión, nos callamos la boca “para no liarla”, a costa de auto engañarnos, diciéndonos que no es para tanto; que ya se pasará o que no tiene arreglo; que mejor olvidar; que si hablamos a esa persona allegada, no lo va a entender y se va a molestar… y todo será peor. Pero eso hace que, un buen día, te conviertas en ese Joker, y a la mínima, cuando la última gota haya colmado el vaso de tu paciencia, termines respondiendo de una manera reactiva y desproporcionada.

 

Resolver los conflictos diarios a los que la vida nos somete es esencial, y si no sabemos cómo hacerlo, hay que buscar el modo de aprender. Es primordial escucharnos y saber qué nos pasa; qué queremos y qué necesitamos para poder vivir una vida equilibrada, donde la sonrisa sincera salga con la misma facilidad que las lágrimas sentidas, y siempre con la manifestación emocional para cada circunstancia. Y cuando asumimos las emociones, nos damos cuenta de que son éstas las que nos ayudan a resolver aquello que nos perturba y, una vez resuelto, nos coloca la sonrisa verdadera en el rostro, que se acompaña de una mirada limpia y honesta. 

 

Para mí, Joker es una llamada a NO tener que soportar en silencio las presiones, los abusos, los desprecios, las injusticias,… y no explotando con violencia, como hace este villano del cómic, sino con la capacidad de aceptar lo que nos pasa; entenderlo; decidir la mejor forma de resolverlo y… EXPRESARLO.

 

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Y como otra de sus frases legendarias dice, “Creí que mi vida era una tragedia y ahora sé que es una comedia”, haz que la tuya no se convierta en tal cosa, sino en la honesta manifestación de tu sentir, posicionándote en el mundo y responsabilizándote a ti mismo de tu propio bienestar. ¿Cómo? No dando por sentado nada; dándote permiso para expresar de manera asertiva lo que no te gusta; aprendiendo a aceptar las emociones (todas…) y su mensaje principal, y creando acciones tomadas desde la decisión y no desde la reacción, para resolver los conflictos, que diariamente podemos llegar a tener en los diferentes ecosistemas de nuestra vida.

 

Conflictos que, muchas veces, creemos que no tenemos y que, en nuestro interior, sí son vividos como lo que son: 

  • ese distanciamiento en vuestras relaciones, por esa bronca con tu pareja o tu hijo; 
  • esa tirantez con tu jefe, que te impide defender tus puntos de vista ante él; 
  • esa sensación de estar harto de la falta de empatía de tus compañeros de trabajo; 
  • ese sentirte ignorado por ese camarero que te atiende de mala manera; 
  • ese tener que estar para todos, pero que nadie esté para ti… 

Y así en un número infinito de situaciones, que se pueden hacer inaguantables, pero que nos creemos que eso es la vida y su absurda “normalidad”.

 

 

«Da el primer paso. Quiérete y acéptate tal y como eres».

 

 

Porque eres un ser único y precioso, con una vida para ser vivida sin el autoengaño complaciente, ni la amarga y malhumorada resignación.

No esperes a explotar como Joker. Resuelve tus conflictos.

 

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Mariangeles Calleja. Coach

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