Ansiedad: ¿La enfermedad de los débiles? - Creando Coaching
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Ansiedad: ¿La enfermedad de los débiles?

¿Sabías que a la Ansiedad se le llama “la epidemia silenciosa del Siglo XXI”?

Por desgracia, la ansiedad es una de las enfermedades más presentes en nuestra sociedad.

Es cada vez más habitual que personas aparentemente seguras de sí mismas, inteligentes y con bastante capacidad de resolución, un buen día, al ir al médico por padecer síntomas de alguna enfermedad, se encuentren (como me paso a mí, y os conté en el artículo anterior), con la sorpresa de un diagnóstico de Ansiedad.

«Yo era de las que pensaba, que la Ansiedad era algo que les ocurría, sólo a personas débiles de carácter, miedosas, con pocos recursos o muchos problemas.»

Así que cuando me la diagnosticaron, no entendí nada. Yo ni me tenía por una persona débil, ni tampoco con problemas en ese momento, como para que me diera ansiedad. Sin embargo, el año anterior sí que había sido realmente complejo… Se me había juntado quedarme sin trabajo, mi divorcio y que a mi madre le diagnosticaron un tumor cerebral, del cual falleció a los pocos meses. La verdad es que ese año lo pase muy mal. No me di espacios para vivir el duelo, ni para poder gestionar emocionalmente todo lo que me estaba pasando. Yo pensaba que todo aquello eran simples “baches”, y que dejando correr el tiempo, se me pasaría todo.

Para aliviar el sufrimiento me enfoqué en el trabajo y, en vez de ocuparme de mí misma, opté por ocuparme de los demás. Utilicé la ‘técnica del avestruz’, pensando que era la mejor terapia para salir de aquella situación tan triste. Cuando me quise dar cuenta, ese estado de tensión, malestar, tristeza, incluso de rabia e impotencia, lo había ‘normalizado’ y era mi estado habitual.

Aunque necesitaba ayuda, no hice nada al respecto, pensando que lo único que podía hacer era “aguantar”; poner buena cara y esperar a que pasara esa mala “racha”. Lo que no sabía por aquel entonces, es que las emociones hay que gestionarlas y no esconderlas ignorándolas, porque si no, tarde o temprano, te explotan y te generan un problema mayor.

Y así pasé mi duelo, ocultando emociones y trabajando como una posesa, y justo al año, cuando empezaban a irme las cosas mejor, va y me da… ‘la ansiedad’. Yo no podía dejar de pensar: ¿Por qué ahora…? ¡Si todo ha mejorado por fin…! ¿Qué estoy haciendo mal…? ¿Qué falla en mí…?

A veces, la ansiedad no aparece mientras estás sobrecargado de problemas, sino cuando parece que ya te has liberado de ellos; por lo cual, da lugar a bastante confusión.

«En mi caso, lo que más me empeoró la ansiedad fue la autocrítica y la vergüenza que sentía de padecerla, ya que las creencias que me había montado sobre la enfermedad y las personas que la sufrían eran horribles y bastante equivocadas.»

Así que un buen primer paso es saber qué es la ansiedad, para entender qué nos pasa cuando la sufrimos.

Entendamos qué es la Ansiedad

La ANSIEDAD ES UN MECANISMO ADAPTATIVO; por tanto, es funcional, normal y no debería representar ningún problema de salud.

En nuestra vida tenemos amenazas o adversidades, y es precisamente la Ansiedad la que, dependiendo del tipo de problema, nos va a preparar para hacerles frente, de una forma u otra.

Por ejemplo, nos puede ayudar a enfrentar o atacar un peligro, pero también nos puede preparar para huir o evitar posibles amenazas.

En otras ocasiones, nos prepara para buscar apoyo, seguridad y protección. En otros casos, nos puede activar conductas de sumisión para neutralizar conductas hostiles de otros.

También nos capacita para encontrar recursos que nos ayuden a sortear riesgos y poder alcanzar nuestros objetivos.

Sin embargo, en muchos casos, este mecanismo se desequilibra; empieza a funcionar de manera alterada y nos produce patologías. Y, en lugar de ayudarnos, nos incapacita.

Qué factores pueden influir para que la Ansiedad se convierta en un problema:

Hay tres factores principales que pueden actuar como desencadenantes de alteraciones de ansiedad:

  • Factores de predisposición:
    Hay personas que bien por causas biológicas, hereditarias o de personalidad, son más vulnerables a situaciones amenazantes. Por un lado, su sistema de ‘alerta’ es muy sensible y se dispara con rapidez, pero por el otro, una vez metidos en el estado de ansiedad, les es muy complejo salir de él.

 

  • Factores Activadores:
    Aquí influye lo que vivimos y cómo lo vivimos. Todo lo que pasa a nuestro alrededor tiene un impacto que, si no sabemos gestionar, nos daña. Situaciones que nos desbordan; acontecimientos graves; situaciones adversas, que se mantienen en el tiempo y que nos agotan, o que requieren de nosotros un gran esfuerzo adaptativo; obstáculos que nos impiden conseguir, alcanzar o mantener logros.

 

  • Factores de Mantenimiento:
    Cuando ya aparece la ansiedad como un problema, suele venir acompañada de problemas de salud, que antes no existían, y que, a su vez, originan un aumento de los niveles de la misma. Eso, junto a los intentos fallidos de tratar de controlar lo que nos pasa, o la utilización de estrategias que no nos funcionan, nos van debilitando. Comenzamos a perder facultades para poder resolver los posibles problemas, y a su vez esa situación de impotencia y vulnerabilidad, aumenta el grado de ansiedad que se padece, produciéndose un círculo vicioso que se retroalimenta.

La Ansiedad no da a personas débiles, eso es un mito

Como veis, hay muchos factores que, combinados, nos pueden hacer que caigamos en esta enfermedad.

Hay situaciones y momentos en nuestra vida donde los sucesos nos superan, pero en lugar de afrontar el momento y pedir ayuda si nos hace falta, no se sabe si por un falso orgullo, un miedo al qué dirán o por unas creencias absurdas, en lugar de ayudarnos, seguimos tirando del carro y nos metemos en la boca del lobo.

Luego cuando se desencadena la temida Ansiedad, el avergonzarte de sufrirla; el miedo a los síntomas; la sensación de la pérdida del tan “apreciado” control; los niveles altos de exigencia y el desconocimiento de cómo gestionar el estrés y la emociones, nos complica el salir de ella.

«Como podéis ver, esto no va de ser “fuerte” o “débil”. Esto va de reconocer lo que te pasa; aceptarlo y elegir el camino adecuado para sanarte y aprender a vivir la vida con mayor bienestar.»

Hacerlo solos y a escondidas es un atraso, no funciona.  Algo que me dijo en una ocasión una psicóloga a la que fui, fue, precisamente, que era necesario que hablara con alguien de mi confianza cuando sintiera que me estaba dando una crisis de ansiedad; que no me lo callara; que hablara sobre cómo me sentía. Eso, que es algo tan natural, en aquel momento, lo desechaba: ¿Cómo molestar a la gente con mis tonterías…? ¿Qué pensarían de mí…? Mejor arreglarlo yo sola. ¡Gran error!

Ahora sé que nadie puede ser su propio terapeuta con este tema, y que el hablarlo es una forma de ayudarte a soltar tensión. La inteligencia es saber encontrar recursos a nuestro alcance para solucionar problemas, por tanto, buscar ayuda y hablarlo… es de ser inteligentes.

La Ansiedad no da a personas débiles, eso es un mito. Cualquier persona la puede padecer, si se conjugan los factores apropiados para que así sea. Y, por supuesto, no hay que sufrirla ni con vergüenza ni en silencio.

Eso que tardé en aprender, espero de todo corazón, que no sea así para ti.

 

En el próximo artículo, te seguiré contando y compartiendo más cosas interesantes sobre la ansiedad: entre otros aspectos, sus síntomas físicos/psicológicos y el papel fundamental de la gestión emocional.

Hasta entonces, no guardes silencio. Hablemos.

 


Mariangeles Calleja

Coach y Profesora de Mindfulness

www.creandocoaching.com

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