15 Mar Qué es el MOVIMIENTO CONSCIENTE y para qué sirve
Cuando hablamos de Movimiento consciente nos referimos a la ejecución de movimientos corporales, partiendo de la autopercepción. A través de esta consciencia en los movimientos, se logra fortalecimiento y elasticidad, logrando movimientos saludables, armónicos y placenteros.
Pero el Movimiento consciente, más allá de ser un método para lograr dicha armonía, es una magnifica herramienta para la autoexploración y conexión con nuestro interior.
El cuerpo es la casa donde habitamos, y como sucede en nuestra casa, según estemos emocionalmente, así tendremos nuestro hogar.
Todos en algún momento hemos podido comprobar que cuando estamos de mal humor, nuestra casa no está con una buena “energía”. No tenemos ganas de cuidarla y, si viene visita, aunque tratemos de disimular, no se respirara un ambiente agradable, ¿verdad? Pues con nuestro cuerpo pasa lo mismo. Refleja todo lo que pasa por nuestra cabeza y, además, es capaz de proyectarlo más lejos de lo que creemos, produciendo un entorno energético bastante denso.
¿Por qué ocurre esto…?
Si analizamos nuestra comunicación, nos daremos cuenta de que sólo el 7% es comunicación verbal; el 38% es el tono de voz y el 55% es lenguaje corporal. Todo nuestro cuerpo comunica mucho más que lo que podamos decir de palabra, y lo más interesante, es que el cuerpo… ¡nunca miente!
Por eso, nada más conocer a alguien, y sin que nos haya dicho gran cosa, podemos sentir que estamos fenomenal a su lado, o por el contrario, estamos deseando alejarnos lo más lejos posible.
Podemos ser grandes actores y tratar de fingir con nuestros gestos, pero al final se notará que estamos mintiendo. Y es porque hay una serie de gestos, como por ejemplo ocurre con la risa, que, aunque la finjamos, se puede diferenciar de una real a otra fingida por pequeños movimientos faciales, que sólo se activan cuando la risa es real.
Si observamos nuestro cuerpo, podemos descubrir un lenguaje auténtico, que nos muestra cómo nos sentimos de verdad. Estudiar el propio lenguaje corporal, nos permite entendernos; descubrir qué bloqueos arrastramos y saber qué necesitamos en cada momento para sentirnos mejor.
La mayoría de las veces, vivimos desvinculados de este diálogo corporal, y nos perdemos los mensajes en los cuales el cuerpo nos habla para avisarnos que hay algo sin atender… Una emoción enquistada; un pensamiento que nos daña… una falta de amor y cuidado propio… Todas esas tensiones y emociones se quedan alojadas en el cuerpo en forma de bloqueos, que nos impiden movernos con fluidez.
Por eso, sin que hayamos tenido una lesión, sentimos dolor, debilidad o tensión en alguna parte de nuestro cuerpo; es como si estuviéramos oxidados. Echamos la culpa a que nos movemos poco, o demasiado… pero en raras ocasiones nos preguntamos, qué quiere contarnos nuestro cuerpo de nosotros mismos.
Nos hacemos especialistas en obviar nuestras emociones, porque o nunca es el momento para atenderlas, o nos da miedo hacernos conscientes de lo que nos pasa. Así que las olvidamos; no pensamos en ellas, creyendo que así van a desaparecer. Al final, creamos un extraño estado de ánimo, un tanto apático o malhumorado, que esconde la verdadera razón de lo que nos ocurre. Vamos justificando, día a día, el porqué de ese estado con las cosas que nos van pasando y terminamos normalizándolo.
Pero el que se da cuenta de todo, y no olvida, es nuestro cuerpo. Esa maravillosa ‘casa’ que aloja todo aquello que somos y que nos pasa, y que nos muestra, de forma tan inteligente, todo nuestro mundo interior.
Gracias al Movimiento consciente, logramos adentrarnos en ese maravilloso lenguaje corporal. Conseguimos escucharnos, entendernos y ayudarnos a liberar esos bloqueos que nos atenazan.
Con cada movimiento, podemos conectar con cada parte del cuerpo: sus músculos, sus articulaciones, y también su propia energía emocional. Si cambiamos un movimiento rígido, por otro fluido, conseguiremos ir cambiando poco a poco la emoción.
Os propongo un experimento:
prueba a caminar durante un rato con la cabeza agachada y los hombros caídos. Observa cómo te sientes….
Después cámbialo. Camina mirando al frente, con el pecho erguido… ¿Es igual tu estado emocional…? Imagino que no.
Todo esto lo saben muy bien los bailarines. Ellos, a través del movimiento, la expresión corporal y la danza, hacen llegar al espectador, la información que desean transmitir, y le hacen sentir lo que ellos quieren proyectar en ese momento.
El bailarín maneja el espacio para crear el movimiento y transmitirlo. Ese espacio es lo que en danza se llama la Kinesfera, y se refiere al espacio que rodea el cuerpo, en forma de esfera tridimensional.
Pero no tienes que ser bailarín, para tener Kinesfera; todos nosotros la tenemos y, por tanto, expresamos y proyectamos en ese espacio vital.
Y es más: en esa burbuja imaginaria, estamos proyectando todo lo que vibra en nuestro interior. ¿Sabes por qué…?
Porque dentro de esa Kinesfera hay diferentes ‘espacios’:
El espacio personal: Esta relacionado con el interior de tu cuerpo, desde la piel hacia dentro. Ahí están tus sensaciones, tus dolores, tu intimidad, tus pensamientos y emociones. Todo tu mundo interior.
Espacio Parcial: Es el espacio que va desde los limites de tu cuerpo, hasta donde alcanzas, por ejemplo, si estiras un brazo.
Espacio Total: Es la unión de todos los espacios y está presente en la vida cotidiana y diaria de todos nosotros, en todo lo que hacemos.
Espacio Social: Tiene que ver con las relaciones sociales, los vínculos con otras personas y cómo se comparte el espacio en esas personas. Lo que queremos compartir y compartimos…, o cuando no hay un buen equilibrio y somos invasivos o nos invaden…
Espacio Escénico: Es el espacio donde hay un “ojo espectador”, que está observando el movimiento del bailarín, si hablamos de danza, o de cualquiera que esté hablando en público o transmitiendo algún tipo de información para un grupo.
¡Fijaos toda la información que da nuestro cuerpo a diario! Si nos observáramos un poco más, si fuéramos más sensitivos, aprenderíamos mucho más de nosotros mismos, y estaríamos más conectados con lo que necesitamos.
Con el Movimiento consciente, podemos descubrir qué nos pasa; qué quiere nuestro corazón de verdad; cómo encontrar la manera de desbloquear nuestras emociones y, por tanto, también nuestras tensiones corporales.
El Movimiento consciente se puede trabajar, desde haciendo movimientos básicos, del día a día, hasta ejecutando movimiento de danza o expresión corporal.
En todo tipo de movimiento, podemos conectar con esta actitud de consciencia, para escuchar y liberar posibles bloqueos, y permitir un movimiento armónico, fluido y placentero, que nos permita vivir en nuestro cuerpo, comunicando en plenitud desde nuestra Kinesfera, en perfecta armonía.
Mariangel
es Calleja
Coach , Profesora y
experta en Movimiento Consciente
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