EXIGENCIA... O EXCELENCIA: ¿Tú dónde prefieres estar...? - Creando Coaching
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EXIGENCIA… O EXCELENCIA: ¿Tú dónde prefieres estar…?

Estos días, os vengo hablando de la ansiedad. Hoy, os voy a poner sobre la pista de una manera de vivir, que supone un auténtico “caldo de cultivo” para crearnos ansiedad. Me refiero a vivir ’en Exigencia’.

Vivimos en un mundo en plena evolución; todo cambia muy rápido, y necesitamos ir a la par, si no queremos quedarnos desfasados.

Esto está genial, por un lado, porque nos hace crecer y evolucionar; lo malo es que tenemos el peligro de quedarnos ‘enganchados’ en una carrera sin fin, donde lo único que hacemos es correr detrás de una quimera, una ilusoria perfección, que nos impide disfrutar de los logros que vamos consiguiendo por el camino.

Las personas que caen en esa loca carrera, en la mayoría de los casos, no son conscientes de que están en Exigencia, y piensan que lo que están haciendo es correcto, porque es lo que han aprendido y es a lo que están acostumbrados para conseguir sus objetivos.

 El martirio exigente en el trabajo

En muchos campos profesionales, es bastante habitual trabajar desde la exigencia:

  • No valorando lo que haces, porque no es para tanto… Es tu obligación.
  • Donde siempre que logras algo, se te dirige a ver lo que otra persona hace mejor que tú.
  • Donde si tienes algún problema, no puedes pedir ayuda porque eso “es de débiles”…
  • …o donde siempre tienes que estar exigiéndote más allá de tus propias fuerzas, sin celebrar ningún éxito.

El resultado es que te sientes siempre mal, porque parece que nunca consigues nada; la motivación desaparece y, al final, te quemas, y te llegas a olvidar de lo que realmente quieres.

En tus relaciones personales, al final, pasa igual. Llega un momento en el cuál no sabes cuándo te pusiste al servicio de los demás, en búsqueda de ser el ‘ser humano perfecto’.

Todo esto es algo educacional, y se construye en lo más hondo de tu mente, a base de creencias instaladas desde muy jóvenes:

“El éxito es sólo para los que trabajan duro…”

“Hacer las cosas perfectas es una obligación…”

“Los errores son fracasos y se van a castigar…”

“Si te fue fácil conseguirlo, no tiene mérito…”

“Eres tus acciones…”

No es fácil salir de esos patrones y, en la mayoría de los casos, tenemos que pedir ayuda para hacerlo, ya que nuestro boicoteador interior nos dirá que, si dejamos de hacer las cosas como siempre las hacemos, fracasaremos o defraudaremos a los demás.

Es bastante habitual que una persona ‘Exigente’, suela enorgullecerse de serlo y, además, definirse como ‘muy perfeccionista’.

Estas personas ‘exigentes’, adoradores del ‘perfeccionismo’, le tienen pánico al fracaso, porque les apartaría de la ansiada ‘perfección’. Pero, ¿acaso podemos impedir equivocarnos…? Me temo que no. El error es algo normal, y más si estamos innovando, creando o aprendiendo nuevas formas.

El temido error es el que nos hace aprender; lo que nos enseña cómo no hay que hacer las cosas y nos impulsa, si lo hacemos de una manera inteligente, a buscar nuevas maneras de seguir innovando.

Por tanto, nos hace más profesionales en cualquier materia y también más sabios a nivel personal, ya que, como decía el poeta Alexander Pope, “errar es de humanos; perdonar es divino y rectificar, de sabios”.

Está comprobado que el error nos agudiza la imaginación, o bien para atrincherarnos en que tenemos razón buscando mil justificaciones, o, por el contrario, bien utilizado, buscando mil soluciones nuevas donde encontrar el acierto.

Los errores, más que vivirlos como fracasos, deberíamos sentirlos como maestros, que nos impulsan al aprendizaje y potencian nuestras habilidades.

Pero el problema principal de los exigentes es que se creen que son sólo sus acciones; por tanto, es comprensible que, si se equivocan o fracasan, sientan que se convierten ellos mismos en un error o un fracaso.

Si tú eres tus propias acciones, está claro que tienes que estar siempre controlando todo para que salga ‘perfecto’. Te tomarás como obligaciones casi todo lo que haces en tu vida, ya que todo se convierte en algo personal donde no puedes permitirte fallar.

Esto es agotador, y sólo te lleva a quemarte y esclavizarte.

Y es que la ‘perfección’ no existe; es una utopía. Y la razón es que todo puede mejorar siempre… y eso es lo maravilloso; lo que nos impulsa a evolucionar; a innovar y, por tanto, a mejorar.

La perfección es una meta inalcanzable; por eso, a las personas en exigencia les cuesta tanto reconocer y celebrar los éxitos que van consiguiendo.

Si nunca celebras un éxito, es muy difícil mantener la motivación.  No se disfruta de los logros conseguidos, porque la sensación es que nada es lo suficientemente bueno, y todo está por hacer.

Tampoco puedes hacer sentir bien a las personas que te rodean o colaboran contigo, ya que las harás vivir en exigencia, al igual que tú. Y las relaciones personales o laborales serán cada vez más complicadas y poco saludables.

Los ‘síntomas buenos’ de la Excelencia

Sin embargo, las personas que están en Excelencia, bien saben estas verdades:

  • Que las cosas siempre se pueden mejorar.
  • Que los errores son maestros, que nos enseñan modos diferentes de hacer, para poder seguir innovando.
  • Que no hay que confundir el Ser con el Hacer: si cometo un error o fracaso en algún proyecto, me habré equivocado en esa acción, pero eso no me convierte a mí en ‘un error’, ni en ‘un fracaso’.

Como puedes ver las personas que actúan desde la ‘Excelencia’ están en continuo crecimiento y desarrollo. Disfrutan con lo que hacen; son motivadoras, y es fácil trabajar o comunicarse con ellas. Son más optimistas y, por tanto, progresan más que las que están sufriendo desde la Exigencia.

Cuando consigues actuar desde la Excelencia, disfrutas con lo que haces; te apetece buscar nuevas formas para innovar; descubres mejoras y te es más fácil buscar alternativas para solucionar obstáculos y contratiempos.

Te sientes con más inspiración porque estás abierto para que eso suceda. La inspiración no viene si la obligas, sino que viene cuando estás relajado, y para ello tienes que salir de la exigencia.

Cuando te das cuenta de todo esto y ves todo lo que consigues, se abre otro mundo para ti. Créeme. Te lo digo por experiencia, porque yo también sé lo que era estar en la sufrida Exigencia.

A mí, me llevó a sufrir ansiedad y a tener bastantes problemas en mis relaciones personales. Hoy en día, como coach, puedo ver a infinidad de personas con ese mismo problema: esclavas de la perfección; con ansiedad; incapaces de arriesgar o innovar por el miedo al fracaso; personas que piensan que no han conseguido nada en la vida; personas que se menosprecian, porque no saben reconocer sus éxitos; personas de un gran potencial, sí, pero encerrado en la prisión, que a la larga produce la exigencia. Te puedo decir que es uno de los problemas más habituales en mis consultas.

«Pero, la buena noticia es que este autoflagelo es tratable y que, en pocas sesiones, la persona cambia su manera de situarse ante sí misma y frente al mundo. Sólo hace falta que surja ese ‘click’ de consciencia para `poder salir de esa prisión autoimpuesta. Y, cuando eso cambia, hay un paso de gigante que hace que la vida sea más plena.»

Te aseguro que, si das el paso para salir de ella, verás cómo todo tu trabajo alcanza todos los retos deseados. Tus relaciones sociales mejorarán, y tú, además, disfrutarás mucho más con todo lo que haces. Celebrarás cada éxito conseguido y aumentarás tu motivación para alcanzar lo que te propongas.

Recuerda siempre que las cosas salen infinitamente mejor si, en lugar de añadir obligación, le ponemos PASIÓN.
Y, en definitiva, eso es estar EN EXCELENCIA.

Y tú, dónde estás…? ¿En Exigencia o en Excelencia?
Y si estás en Exigencia, qué vas a hacer para salir de ahí?

Mariangeles Calleja

Coach y profesora de Mindfulness

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